La guerra que viene

Una noticia que ha pasado prácticamente desapercibida, es el anuncio de científicos estadunidenses, que aseguraron que en el Círculo Polar Ártico, podría estar el trece por ciento de las reservas mundiales de petróleo aún no descubiertas, esto es unos 90 mil millones de barriles de petróleo, cantidad suficiente para suplir la demanda mundial del crudo por unos tres años.

 

El gran problema de esto es que son cinco los países que legalmente pueden disputarse este tesoro, Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, Noruega y Rusia.

 

Desde hace algunos años, varios analistas habían advertido de la posibilidad de explotar los recursos naturales de esa región, que incluyen minerales, petróleo y gas natural, debido al deshielo por el calentamiento global.

 

La siguiente imagen muestra hasta donde llegaba la frontera del hielo en 1979, la línea amarilla, y sus límites actuales.

 

Bajo el artículo 76 de la Ley de la Convención del Mar, un Estado puede reclamar para sí unas 200 millas náuticas de zona exclusiva y luego otras 150 millas náuticas de fondo marino. La base desde donde se miden estas distancias depende del lugar en que termina la placa continental.

 

 En este momento, ninguna de los fondos marinos de los países involucrados se extiende hasta el Polo Norte, por lo que existe un área internacional administrada por la Autoridad Internacional del Fondo del Mar, en Kingston, Jamaica.

 

Los cinco países que se disputan esta tierra han discutido dos métodos para dividirse el espacio marítimo ártico:

 

El método de la media, que tiene el apoyo de Canadá y Dinamarca, y dividiría el mar entre las naciones de acuerdo a su costa más cercana: canadienses y daneses ganan con esta fórmula.

 

El método sectorial, que consiste en utilizar el Polo Norte como centro y dibujar líneas longitudinales hacia el sur, pero puede penalizar a Rusia y beneficiar a Canadá y (en menor medida) a Noruega.

 

Rusia por su parte tiene varios años queriendo reclamar el Polo Norte como suyo, o al menos obtener una buena tajada de el, ya que ha intentado demostrar que la plataforma continental de Rusia, es la misma que atraviesa por el Ártico, que de ser cierto, le permitiría reclamar como suyo todo ese territorio.

 

Tan sólo el año pasado, dos mini submarinos plantaron la bandera rusa en el lecho del Océano Glacial Ártico, a cuatro mil 200 metros de profundidad, que se interpretó como una señal de que Rusia peleará por obtener una tajada del pastel.

 

En mayo pasado, los ministros de Relaciones Exteriores de los cinco países con costas en el Ártico se reunieron en Groenlandia para platicar sobre el establecimiento de las reglas en la carrera por el control de las vastas reservas de petróleo y gas en esa región, sin que llegaran a algún acuerdo.

 

Luego de este fracaso, la semana pasada un barco de guerra ruso se puso en marcha hacia el océano Ártico, en una maniobra que podría reportarle a Rusia grandes beneficios en el futuro.

 

El crucero Mariscal Ustinov se unirá a una nave de mayores dimensiones, que llegó al área esa semana, es la primera vez que la marina rusa hace sentir su presencia en el Ártico desde la desintegración de la Unión Soviética.

 

Como siempre, se pone de pretexto labores científicas o de protección, nunca la aceptación tácita de que Rusia intenta recuperar el control, al menos militar que tenía en la región, cuando eran frecuentes los patrullajes de submarinos nucleares, durante la guerra fría.

 

Estados Unidos no se ha quedado atrás y la semana pasada, levantó una prohibición vigente por 17 años que impedía la perforación en las costas de su territorio con el fin de aliviar la crisis energética y es que según expertos, el 84 por ciento de estos recursos energéticos se encuentra a poca distancia de la costa.

 

Según Peter Croker, quien preside la Comisión Continental de Naciones Unidas, el Ártico no se verá sujeto a una repartición de tierra como sucedió en algunas regiones en el siglo XIX.

 

El organismo de la ONU acaba de decidir sobre un requerimiento ruso, en el cual negó una petición de mayores derechos sobre el Ártico y les indicó que reformularan la solicitud. Sin embargo, esta instancia sólo trata asuntos referentes a las placas continentales y no puede involucrarse en otras disputas.

 

Para complicar las cosas aún más, las naciones deben hacer sus reclamos bajo la Ley de la Convención del Mar dentro de un límite de tiempo y Estados Unidos no ha ratificado esta legislación, debido a la oposición de algunos senadores que aseguran estar preocupados por la soberanía de su país.

 

Independientemente de si se ha o no ratificado la legislación, la crisis petrolera se acerca cada vez  más a una catástrofe, las reservas de petróleo no durarán más allá de 2020, eso significa que los países disputantes tienen menos de doce años para resolver su diferencias, ya sea por consenso o por un arbitraje internacional e instalar la maquinaria necesaria para iniciar la explotación.

 

Un escenario así se ve bastante difícil, ni Estados Unidos ni Rusia cederán en ese terreno, no se diga los otros países. Aunque lo ideal es la investigación de energías renovables y su aplicación práctica, el Polo Norte representa también un destacamento militar muy importante que nadie soltará.

 

Para no variar sólo nos queda mirar y esperar que el resto del mundo no se vaya entre las patas de las potencias del mundo.

 

p.D. Es fin de semana pero mañana me toca guardia, así que en una de esas, nos estaremos leyendo. Buen fin para ti Patito.

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