Al FiN y Al CaBo MeXiCaNoS…

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La influenza nos tomó por sorpresa a todos, hace una semana hacía una crónica de mi enfermedad que debo reconocer me llegué a preguntar si no era otra cosa cuando el relajito se dió  conocer.

Desde el principio no faltó quien dijera que todo es una farsa y casi casi una conjura Judeo-Obradorista para derrocar al gobierno e imponer una república bananera.

Ha sido difícil escribir sobre este tema por que ni quiero caer en una banalidad absoluta ni hacerme el gran conocedor del tema, es cierto que soy un periodista pero nunca he tratado que este blog sea un espacio periodístico al menos en el plano formal.

Con el fabuloso Twitter he podido seguir muchas y diversas inquietudes de la gente, resolver dudas y escuchar teorías locas, desde gente común hasta periodistas que participan activamente en los medios de comunicación nacionales, no dejen de checar estos que les dejo Rodolfo Zapata, Mario Campos, Raúl Luna y Ana María Salazar.

La paranoia parace haberse apoderado del país entero y fuera de aquí ni se diga, una amiga francesa se comunicó muy preocupada pensando que ya todos estabamos enfermos o muertos por que esa es la información que han manejado en muchos medios de comunicación.

Aquí les dejo un texto que una amiga hizo el favor de escribir para el blog:

Durante mis vacaciones en la hermosa ciudad de Buenos Aires y justo un día antes de regresar a México, me enteré de que en mi país, había un brote de fiebre porcina. Por tal motivo, la amiga que me acompañaba y yo decidimos adelantar nuestro regreso.

Sin estar empapadas de la información sobre el virus, llegamos al aeropuerto internacional de Ezeiza, y ahí, al pasar al mostrador de la aerolínea, para realizar los trámites correspondientes, la señorita que nos atendió nos preguntó ¿cómo sigue la epidemia que se registró en México? Nosotras respondimos que llevábamos siete días en Argentina y que no sabíamos mucho del tema.

Minutos después, al llegar al mostrador de aduana nos hicieron la misma interrogante y nos informaron que el virus ya había cobrado vidas. En ese momento sentimos como si nos hubieran echado una cubeta de agua fría. Nos miramos una a la otra y no supimos qué decir.

La información nos iba generando cada momento más zozobra, sin embargo, tratamos de mantener la calma, que poco nos duro al ver que la nota ocupaba las primeras páginas de los diarios.

Luego, abordamos al avión y mi amiga comenzó a llorar, cuando vio la cifra de infectados que ese día (domingo) manejaban los diarios argentinos.

Durante el vuelo al aeropuerto de Santiago de Chile, no escuchamos más sobre el tema, sin embargo, al aterrizar, la gente comenzó a preocuparse al ver que había personal de sanidad en la terminal, mujeres y hombres vestidos de blanco, con tapabocas, guantes y gorros. El ambiente comenzó a sentirse tenso.

Esperamos 35 minutos antes de abordar el avión que nos traería a México, lugar donde se originó la “epidemia” y donde para ese entonces ya había 27 muertos. Durante la espera, un ciudadano de origen argentino, visiblemente nervioso y con un café en la mano, se acerco a nosotras y nos dijo: “acaban de detectar personas infectadas con el virus procedentes de México”.

El rostro nos cambió a los que nos encontrábamos en la sala. En eso, el argentino dijo “yo ya no sé que hacer, si continuar mí viaje o regresarme a mi país”, y se hizo un silencio incómodo.

En ese momento nos informaron que podíamos comenzar a abordar el avión. Cogimos nuevamente un periódico, en este caso chileno, y nos dimos cuenta que era la misma información que la que horas antes ya habíamos leído.

El va y ven de mi amiga en el avión y sus histeria comenzaba a afectarme, sin embargo, cuando se sentaba a mi lada trataba de darle ánimos y le decía que todo estaría bien.

Más tarde, escuchamos la voz del capitán que nos dio la orden de abrocharnos los cinturones, ya que habíamos entrado en una turbulencia, y por si fuera poco, a una tormenta eléctrica.

La voz ya conocida por nosotras, volvió a escucharse, pero en esta ocasión para avisarle a la tripulación que comenzarían las maniobras para el aterrizaje.

Esperábamos lo peor, imaginamos que habría un gran dispositivo de seguridad en el aeropuerto y que toda la gente estaría cubierta de pies a cabeza, que el Ejército nos recibiría para darnos cubrebrocas. Pero no fue así.

Al descender del avión, sólo nos esperaba un par de jóvenes con tapabocas y guantes. Amablemente, nos pidieron nuestros pasaportes, le dieron una revisión rápida y nos permitieron pasar.

No había elementos militares, ni gente de sanidad, ni nada por el estilo, todo funcionaba como siempre. Con una sola diferencia, todo el personal usaba guantes y tapabocas.

Hoy por hoy, la exageración de algunas noticias y la banalidad superficial de otras generan el pánico en la población.

No cabe duda, no hay como estar en el centro del huracán para saber lo que pasa.

 

Y pues es cierto hay que estar en el huracán para saber lo que pasa y reírse de lo que no pasa.

Con sorpresa considero que los medios de comunicación han sido no tan amarillistas con el caso, ni siquiera La Prensa que sólo ha dedicado dos planas al brote de influenza desde que empezó el relajo. El que me ha decepcionado un poco ha sido El Universal que si ha metido una que otra cosa rara entre sus notas. El trabajo del IMER ha sido bueno, desde el director del SNN, Mario Campos, pasando por el equipo de trabajo que es muy bueno y que han contado con la colaboración de otros miembros del Instituto como los locutores de Reactor que han seguido de cerca el caso.

El once también ha tenido un muy buen trabajo al igual que el 34 del Estado de México, en pocas palabras los medios públicos sacando la cara.

Sin embargo, al fin y al cabo mexicanos, no han dejado de darse rumores de lo más locos y raros que sólo causan pánico e incertidumbre entre la población.

Desde el que los narcos crearon el virus como represalia contra el gobierno por los operativos, ya me imagino al pozolero experimentando con los cuerpos que deshacía, el que el virus no existe y es un invento, que fue creado en Estados Unidos para diezmar a México e invadirlo para terminar el problema del narco, que es un virus creado para apoyar a las industrias farmaceúticas más lo que se vaya agregando en lo que va de la semana.

En un artículo publicado en El País, menciona nuestro acostumbrado escepticismo a cualquier autoridad existente.

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